El océano Pacífico se calentó y decidió jugar con nosotros. Otra vez. El llamado Súper Niño ya está aquí, con probabilidades superiores al 95 % de fortalecerse este segundo semestre y extenderse hasta los primeros meses de 2027. En el Tolima no llega como noticia lejana: llega como tierra agrietada, pastos amarillos, ríos que bajan la voz y una pregunta que ya no admite rodeos: ¿vamos a prepararnos de verdad o vamos a seguir rezando mientras el tanque se vacía?
(No es especulación. Es repetición con posibles agujeros más profundos.)
El fenómeno que hoy se asoma tiene nombre de niño, pero su carácter es de adulto cruel. Menos lluvia de la normal, temperaturas más altas, mayor evapotranspiración, embalses que se adelgazan y una agricultura que, en buena parte del departamento, sigue dependiendo del cielo. En el Tolima ya se sintió la alerta naranja. Municipios del sur y del centro —Natagaima, Coyaima, zonas de Venadillo, Lérida, Ambalema— conocen de memoria lo que significa un verano prolongado: quebradas que desaparecen, ganado que pierde peso, incendios que se alimentan de la sequedad y un Combeima que, cuando baja, pone a temblar el acueducto de Ibagué.
No es la primera vez. El Niño de 1997-1998 dejó cicatrices profundas. El de 2015-2016 fue aún más contundente: más de 200 municipios del país con desabastecimiento, el Magdalena en niveles históricos, temperaturas anómalas que en zonas de Tolima superaron los cinco grados por encima de lo normal, y pérdidas que se contaron en billones. Entonces también hubo llamados a la prevención. Entonces también se improvisó. La diferencia ahora es que los modelos hablan de un evento que podría situarse entre los más intensos desde 1950, quizás el más fuerte en 140 años. Y que su pico más duro se espera entre noviembre de 2026 y enero de 2027, justo cuando el verano tradicional se junta con la escasez acumulada.
Las consecuencias no son misteriosas. Son predecibles.
En lo económico, el agro tolimense —arroz, maíz, yuca, ganado, caña— siente primero el golpe. Menos producción significa precios más altos en la plaza y en el mercado. La energía, dependiente en gran medida de la hidroelectricidad, se encarece cuando los embalses bajan. Y cuando la factura sube y la comida cuesta más, la inflación deja de ser un número abstracto y se convierte en plato vacío o en deuda.
En lo social, la sequía no reparte equitativamente. Golpea más fuerte al campesino que no tiene pozo profundo, a la vereda que depende de una quebrada, a la madre que llena baldes a las tres de la madrugada. En Ibagué, el IBAL ya ha tenido que lidiar con caudales inestables y con la fragilidad del Cañón del Combeima. Cuando el agua escasea, aparecen los cortes, las protestas, el cansancio colectivo y, tarde o temprano, la desconfianza hacia quien debió anticiparse.
En lo político, la prueba es dura. Un gobierno local o nacional que solo reaccione cuando el tanque esté en rojo habrá perdido la partida antes de empezar. La prevención real —protección de cuencas, reforestación seria, almacenamiento, control de quemas, crédito oportuno al productor— no da titulares fáciles. La improvisación sí. Y el ciudadano, al final, paga las dos: la sequía y la incompetencia.
La naturaleza puede cambiar de humor. Puede llover más de lo esperado. Puede suavizarse. Pero apostar todo a esa posibilidad es una forma elegante de suicidio colectivo. La pregunta no es si el cielo se apiadará. La pregunta es: y si no se apiada, ¿qué hacemos?
Hay que estar listos para orar con sed y, al mismo tiempo, para no quedarnos sedientos por falta de previsión. La fe no sustituye al tanque. La oración no llena la alberca. La esperanza sin acción es solo una forma educada de negligencia.
Advertencias claras
- El fenómeno puede intensificarse y extenderse hasta comienzos de 2027.
- El riesgo de desabastecimiento de agua en zonas rurales y periurbanas del Tolima es real.
- Los incendios forestales aumentarán con la vegetación seca.
- Los precios de alimentos y energía tienden a subir.
- La salud pública se complica: deshidratación, enfermedades respiratorias por humo, y vectores favorecidos por el calor.
- Quien no almacene ni cuide el agua hoy, la pedirá mañana a gritos.
Recomendaciones concretas
- En el hogar: almacenar agua de manera segura, revisar fugas, reutilizar para aseo y riego, evitar lavar carros y andenes con manguera.
- En el campo: proteger fuentes hídricas, construir o rehabilitar jagüeyes y tanques, planificar siembras y rotación de potreros, y no quemar.
- En la comunidad: organizar vigilancia de incendios, compartir información de niveles de ríos y quebradas, y exigir a las administraciones planes de contingencia públicos y medibles.
- En lo institucional: priorizar la protección real de la cuenca del Combeima y de las microcuencas, agilizar apoyos al productor y mantener monitoreo transparente de embalses y caudales.
- En lo personal: no esperar a que el grifo tosa. Actuar mientras todavía hay margen.
El Escorpión no se asusta del sol. Lo observa, calcula y se prepara. Este Súper Niño no es castigo ni misterio: es un recordatorio seco y contundente de que la tierra no negocia y de que la imprevisión tiene precio. Podemos rezar para que llueva. Debemos actuar como si no fuera a llover. Solo así la sed no nos encontrará de rodillas y sin tanque.
Porque la naturaleza puede cambiar. Pero nosotros ya no tenemos excusa para no cambiar primero.
— Por El Aguijón Susurrante con asistencia de IA
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