«Teoría del caballo muerto» o las persistencias inútiles.

Hay cosas que no mueren de golpe. Se pudren lentamente, como frutas olvidadas en altares de productividad. Y sin embargo, insistimos en morderlas. El caballo muerto no siempre huele mal. A veces huele a nostalgia, a ego, a esa terquedad que confunde fidelidad con ceguera.
Montamos cadáveres con la esperanza de que el movimiento vuelva por arte de fe. Les damos nombres nuevos, les ponemos música, les hacemos campañas. Pero el caballo no revive. Solo se convierte en símbolo. Y los símbolos, cuando se niegan a morir, se transforman en cárceles.
Este ensayo es una elegía para esos caballos que seguimos montando en los negocios, en lo personal, en lo espiritual. No para condenarlos, sino para entender por qué nos cuesta tanto desmontarnos. Porque a veces, desmontarse es más revolucionario que galopar.

Dicen que cuando descubres que estás montando un caballo muerto, lo mejor es desmontarte. Pero en el mundo moderno, donde el ego tiene más hambre que el alma, desmontarse es visto como debilidad. Así que, en lugar de aceptar la muerte del caballo, hacemos lo siguiente:

  • Contratamos consultores para analizar por qué el caballo dejó de galopar.
  • Creamos comités para redefinir qué significa “muerto”.
  • Le compramos una silla nueva, más ergonómica, por si revive.
  • Lo pintamos de colores vivos y lo subimos a Instagram con el hashtag #CaballoResiliente.
  • Y si todo falla, lo declaramos “caballo espiritual” y decimos que su inmovilidad es una forma de meditación.

El Caballo Muerto…
🎭 En la creatividad:
A veces seguimos insistiendo en una idea que ya no vibra. Un concepto que fue brillante en su momento, pero que ahora solo existe por nostalgia o terquedad. El caballo muerto aquí es el proyecto que ya no emociona, pero que seguimos editando, puliendo, presentando… como si el acto de insistir lo hiciera revivir.
Aplicación: Aprende a reconocer cuándo una idea cumplió su ciclo. Hazle un funeral creativo. Transfórala en compost para nuevas semillas.

🧘 En el crecimiento espiritual:
El caballo muerto puede ser una práctica que ya no te transforma, un maestro que dejó de enseñarte, o una creencia que te limita más de lo que te libera. Pero por lealtad o miedo, seguimos repitiendo mantras vacíos.
Aplicación: La espiritualidad también necesita poda. Si el ritual ya no te conecta, cámbialo. Si el silencio ya no te habla, escucha otro lenguaje.

💞 En las relaciones humanas:
Aquí el caballo muerto es esa amistad que solo vive en recuerdos, ese vínculo que se sostiene por costumbre, o esa dinámica que ya no nutre.
Aplicación: No todas las relaciones están destinadas a durar. Algunas solo vinieron a enseñarte cómo desmontarte con dignidad.

🧠 En la identidad personal:
A veces seguimos montando versiones de nosotros mismos que ya no existen. El Javier de hace 20 años, el Susurro que soñaba con otras cosas, la amistad que aún no ha mutado.
Aplicación: Reconocer que uno ha cambiado es desmontarse del yo muerto. Y eso no es traición, es evolución.

🛠️ En los sistemas sociales y culturales:
El caballo muerto puede ser una tradición, una narrativa colectiva, una forma de hacer las cosas que ya no sirve pero que seguimos defendiendo por miedo al vacío.
Aplicación: Honra el legado, pero no lo momifiques. Si el sistema ya no galopa, crea uno nuevo. Uno que respire.

Con afecto SusurroJs