La historia empieza con un crimen doméstico: mi gata Candy, con la indiferencia aristocrática de todo felino, decidió pasearse sobre el teclado de mi computador. Yo, en ese instante, sentí el golpe seco del desastre: mi Susurrovela y su diseño digital sobre política, momentos de quita y ponga, arruinados por cuatro patas peludas. En la pantalla quedó estampado un 8777777777777… infinito, como epitafio digital. Negativismo puro: pensé que todo se había ido al carajo.
Y sí, se arruinó. Pero en esa ruina apareció la ironía: esos números absurdos, esa huella felina, me reorientaron hacia otro tema. Dejé de escribir sobre políticos que ya se arruinan solos, y empecé a pensar en el negativismo bien y mal usado, y la positividad bien y mal usada. Candy, sin saberlo, me dio la lección que ningún coach de corbata barata podría dar: a veces el error es la brújula.
Si lo tomamos con humor de barrio:
- Un optimista diría: “¡Mira, pura suerte, puro siete, la vida te sonríe!”.
- Un negativo tóxico diría: “Eso es el número de tu desgracia, fijo”.
- Un negativo lúcido diría: “Hermano, revisa, que se te quedó pegada la tecla”.
- Y un positivo sensato diría: “Bueno, al menos no fue el 666”.
🔧 El negativismo bien usado: el grito incómodo que salva
El negativo lúcido es como Candy cuando pisa teclas: molesta, interrumpe, pero te obliga a mirar lo que no querías ver.
- En política, es el periodista que dice “se están robando hasta las sillas”.
- En la calle, es el vecino que advierte “ese poste se va a caer”.
- En la vida, es el amigo que te dice “ese man no te ama, te administra”.
👉 Humor negro de esquina: El negativo lúcido es como la alarma de incendio: suena feo, pero si la ignoras, terminas asado.
🕳 El negativismo mal usado: el velorio portátil
El negativo tóxico no advierte, sentencia. No busca salida, busca excusa. Es el que convierte cualquier conversación en funeral aunque solo se esté discutiendo el menú del almuerzo.
- En política, es el que grita “todos son iguales” y nunca vota, pero igual se queja.
- En el barrio, es el que dice “no montes negocio, todo fracasa” y luego critica que no haya empleo.
- En la vida, es el que responde “seguro llueve” aunque el sol esté rajando la tierra.
👉 Humor negro: El negativo tóxico es como Candy si solo supiera maullar a las 3 a.m.: no te salva, solo te amarga el sueño.
🌞 El positivismo bien usado: la sonrisa con casco
El positivo sensato no niega la grieta, pero tampoco se sienta a llorar. Dice: “sí, está jodido, pero podemos arreglarlo así”.
- En política, es el líder que reconoce la crisis y propone soluciones reales, no el que reparte globos mientras se incendia el Congreso.
- En el barrio, es el que organiza la rifa para arreglar la cancha, en vez de repetir “todo está perdido”.
- En la vida, es el que te dice “sí, duele, pero vamos a salir de esta… y si no, al menos morimos intentando”.
👉 Humor negro: El positivo bien usado es como Candy cuando se acurruca después del desastre: no borra el daño, pero te recuerda que todavía hay calor en medio del caos.
🎭 El positivismo mal usado: el payaso del naufragio
El positivo tóxico es el que sonríe mientras el barco se hunde y te dice “imagina que el agua es jacuzzi”. Es el coach que te vende frases en tazas mientras te embargan la casa.
- En política, es el ministro que asegura “la economía está fuerte” mientras la gente hace fila por pan.
- En el barrio, es el que dice “todo es energía” mientras el transformador explota.
- En la vida, es el que te dice “fluye” mientras te ahogas.
👉 Humor negro: El positivo tóxico es como Candy si hubiera borrado el archivo completo y yo dijera: “es una señal del universo”. No, hermano: es un gato, no Buda.
🐾 Candy, la coach accidental
Lo que parecía un sabotaje felino terminó siendo un taller de coaching con garras. Mi gata Candy —o mejor, “mi secretaria”, como le dice mi esposa— me enseñó que lo negativo inicial —el ensayo arruinado— podía transformarse en un giro positivo: un nuevo tema, más ácido, más real, más vivo.
- El negativo tóxico habría dicho: “la gata arruinó todo”.
- El positivo tóxico habría dicho: “es señal del universo”.
- El negativo lúcido habría dicho: “se metió en el teclado, revisa el archivo”.
- El positivo sensato concluye: “mira, al final la gata escribió mejor que muchos políticos”.
📌 Moraleja
El optimismo sin acción es placebo; el negativismo sin salida es veneno. El negativismo lúcido y el positivismo bien usado son aliados: uno ve la grieta, el otro busca la solución. El negativismo tóxico y el positivismo tóxico son cómplices: uno te amarga, el otro te anestesia, y entre los dos te entierran.
Candy, con sus patas, me recordó que hasta un error puede ser brújula. Que lo que parece ruina puede ser chispa. Que a veces el mejor coach no cobra entrada, ni vende cursos, ni sonríe en Instagram: a veces solo maúlla, pisa teclas y te arruina el ensayo… para que escribas uno mejor.
👉 Remate de barrio: El negativo lúcido te salva, el positivo sensato te levanta, el negativo tóxico te amarga, el positivo tóxico te vende el ataúd… y Candy, la gata —mi secretaria no oficial— te da la moraleja gratis, con garras incluidas.
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