Déjà vu… Todo igual, pero con más drama.

Hay días en que la vida parece escrita por un Susurro sin presupuesto, pero con exceso de efectos emocionales. Todo se repite: los gestos, los diálogos, los silencios, las fiestas, los invitados, las visitas, los silencios incómodos. Cambian los nombres, pero no el libreto. Y justo cuando uno cree que algo va a cambiar… aparece el mismo conflicto, con mejor iluminación y más lágrimas. Todo está igual, pero con más drama.

Capítulo I: El desayuno del eterno retorno.
Susuprojimo XY se sienta frente al mismo desayuno de siempre: café tibio, pan seco y esa sensación de “esto ya lo viví”. Mira el reloj, suspira, y lanza su frase favorita: “Otra vez lo mismo”. Como si el pan fuera el culpable de su rutina. Como si el café le recordara que no ha cambiado ni el mantel desde 2017.
Y ahí está, viendo el mismo noticiero, con las mismas noticias, quejándose de lo mismo, como si el mundo girara solo para fastidiarlo. Pero no, es él, girando en su propia rueda de hámster existencial, sin ganas de saltar.

Capítulo II: El trabajo que lo aburre pero no suelta.
Cada vez que llega al trabajo, XY siente que ya estuvo ahí… ayer, la semana pasada, hace cinco años. Y sí, estuvo. En el mismo escritorio, con el mismo jefe que respira fuerte, con el mismo Excel que le pide cosas que no entiende. “Esto ya lo viví”, dice, mientras se acomoda en su silla como quien se resigna a una condena.
Promete que va a renunciar, que va a buscar algo mejor, que esta vez sí. Pero no. Se queda, como quien le tiene cariño al castigo. Y cada vez que le preguntan por qué no se va, responde con su clásico: “Es que no es tan fácil”. Como si la dificultad fuera una mascota que hay que alimentar.

Capítulo III: El plan que nunca se cumple.
XY tiene un plan. Siempre tiene un plan. Irse del país, montar un negocio, aprender algo útil, dejar de procrastinar. Lo escribe en papelitos, lo cuenta en reuniones, lo repite como mantra. Pero el plan nunca pasa del papel.
“Ya me pasó esto antes”, dice, cuando se da cuenta de que está otra vez en la fase de “lo voy a hacer”. Lleva años ahí. Su vida es un tráiler sin película. Y cuando alguien le pregunta por el plan, él responde con tono filosófico: “Todo a su tiempo”. Pero el tiempo ya se fue, y él sigue esperando que lo recojan.

Capítulo IV: El consejo que entra por un oído y se va de viaje.
Le han dado todos los consejos posibles: “Haz algo distinto”, “rompe el ciclo”, “sal de tu zona de confort”. XY los escucha como quien escucha reguetón en misa: con respeto, pero sin intención de aplicarlos.
“Esto ya lo viví”, dice, cuando alguien le sugiere lo mismo que le dijeron hace tres años. Y sí, lo vivió. Lo ignoró. Lo archivó. Porque en el fondo, el déjà vu le da seguridad. Es su zona conocida. Su sofá emocional. Su excusa favorita.

Moraleja:
Si lo que vives te suena repetido, no es el universo jugando contigo. Es tu guion, que no has querido reescribir. El déjà vu no es magia, es costumbre. Y la costumbre, cuando no se cuestiona, se convierte en cárcel con cortinas nuevas.

Por: SusurroJs (Javier Suarez)

P.D: Suerte en tu intento por salir de tus ciclos, de tus arenas movedizas. Yo aún no la tengo. Sigo atrapado en la rueda de hámster, girando con elegancia tragicómica, sin avanzar ni medio centímetro. Me lamento con disciplina: misma queja, misma escena, mismo gesto dramático frente al espejo. Y cuando creo que voy a saltar fuera… ¡pum! otro giro, otra vuelta, otro déjà vu con sabor a resignación. Si algún día logro salir, prometo no mirar atrás. Aunque conociéndome, seguro me da nostalgia y me subo otra vez.


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