«Gritan con poder la ira de su fe, y cuando el eco de su propia voz se les devuelve, la violencia que justifican con versículos deja de ser un derecho y la convierten en un crimen».
Un ensayo sobre el volumen espiritual y sus consecuencias acústicas.
La fe, en teoría, debería ser un susurro.
Una conversación íntima entre el alma y lo invisible.
Hoy la fe no se practica, se proclama.
Se grita desde púlpitos, desde timelines, desde tarimas donde el ego se disfraza de iluminación.
Y claro, cuando se grita con tanta fuerza, el universo responde.
No con aplausos.
Con sangre.
Porque el eco no tiene intención.
No juzga, no castiga, no bendice.
Solo devuelve.
Y si lo que se lanza al mundo es odio disfrazado de fe, lo que regresa es violencia sin disfraz.
🙄 El creyente vociferante.
Hay creyentes que no creen, solo gritan.
No buscan conexión, buscan dominación.
Su dios no escucha, ordena.
Y su espiritualidad no sana, impone.
Gritan su fe como quien lanza piedras.
Y cuando el eco les devuelve una piedra ensangrentada, se indignan. La violencia que promulgan con versículos deja de ser un derecho, una visión divina y pasa a convertirse entonces en un crimen.
“¡Persecución!”, dicen.
“¡Ataque a la libertad religiosa!”, gritan.
Pero no es persecución.
Es física básica.
Es karma acústico.
🧠 El eco como espejo moral.
El eco no tiene ideología.
No le importa tu biblia, tu mantra, tu código sagrado.
Solo le importa el tono.
Y si el tono es agresivo, el eco devuelve agresión.
Si el tono es violento, el eco devuelve sangre.
Y si el tono es arrogante, el eco devuelve vergüenza.
Así que cuando la fe grita, no esperes que el universo te aplauda.
Es más probable que te devuelva lo que realmente dijiste, no lo que creíste decir.
Y ahí, en ese retorno, la fe deja de ser virtud.
Y empieza a parecer crimen.
🩸 Conclusión: el volumen de la fe no salva
Creer no es gritar.
Gritar no es sanar.
Y escupir convicciones no es iluminar.
Porque cuando la fe grita, el eco devuelve sangre.
Y esa sangre no siempre es simbólica.
A veces es literal.
A veces es tuya.
A veces es de los que no tuvieron opción de cubrirse los oídos.
“El fanático no pierde los valores… los recicla y muchas veces, como armas. La lengua entre ellas.”

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