Soy hombre de paz, de palabra serena, pero en la consola, la guerra me ordena. Call of Duty me llama, me envuelve su trama, aunque mi alma no busca la llama.
No es sed de violencia, ni ansias de matar, es la danza del caos que invita a pensar. Porque en cada ronda, en cada misión, se revela el humano en su contradicción.
Menores lo juegan, sin edad legal, en hogares que enseñan amor celestial. ¿Es culpa del juego, o del mundo que calla, mientras el niño en la guerra se halla?
El campo virtual no perdona ni miente, expone al jugador, lo desnuda presente. Lealtad y traición, valor y temor, se cruzan sin filtro en su crudo motor.
Astucia que salva, egoísmo que hunde, cobardía que escapa, coraje que alude. Cada partida es espejo brutal de lo que escondemos tras lo emocional.
Y yo, que medito, que abrazo la calma, descubro en la guerra rincones del alma. No juego por odio, ni por destrucción, sino por entender nuestra condición.
Call of Duty, espejo de la dualidad, donde el pacifista encuentra verdad. Porque a veces la paz se aprende en la batalla, y el silencio se escucha tras cada metralla.
Por SusurroJS..
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